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Ignacio Caparrós

Poesía 2007

Bajo el título Esa nada creadora con este libro obtuve el XVIII Premio de Poesía "Rosalía de Castro" de la Casa de Galicia en Córdoba. Fue publicado en 2008 en edición de 1000 ejemplares. Consta de 21 poemas, la mayoría compuestos con endecasílabos blancos, en los que no sólo denuncio algunos de los desmanes en los que se halla anclada nuestra sociedad actual, sino que también, y sobre todo, reflexiono sobre el quehacer del poeta en la actualidad y sobre su destino a través del tiempo, esa nada creadora a la que aludía Luis Cernuda en la cita con la que abro esta obra. El título hace también alusión a lo que yo entiendo que es la poesía en los tiempos que corren: una nada creadora en la que el poeta se instala a sabiendas de la inutilidad de su labor, salvo porque en ella encuentra la única salida y justficación existencial ante la superficialidad, la ignorancia o la zafiedad que regula ese blanco desierto ilimitado, según palabras del mismo Cernuda, en clara alusión a la vacuidad del tiempo que nos ha tocado vivir y a su creciente barbarie. Os dejo una muestra de este libro en los tres poemas que transcribo.

 

                       LA TORRE

Levantaste una torre en tu nada creadora,

como el fuste labrado de una columna de humo,

predestinada a hundirse bajo el lodo de un río

que, turbulento y ácido, sus pilares lamía.

Trasvasaste sus aguas de corrosivas lenguas

hacia cauces cercados por áridos eriales

y en su entorno un jardín de tupidas frescuras

cultivaste con mimo de tenaz jardinero.

Los astros y galaxias esmaltaban su cúpula,

irisando sus muros, coagulándose en flores

que aromaban su entorno de amena alegoría

de un edén resistente al asedio del tiempo.

Una noche subiste a sus altas almenas

y contemplaste el mundo que a tus pies alfombraba

aquella nemorosa vastedad embriagante.

Y alabaste a los dioses por serte tan proclives,

y con místicas manos agavillaste estrellas

que engastaste en la tiara de diamantes azules,

ciñiéndola en tu frente de heredero del aire.

Y te sentiste solo en tu cumbre celeste,

y a un abismo insondable te empujaba tu vértigo,

mientras viste caer tu corona de orillo,

como un aro de fuego que girando se apaga.

Hoy habitas al fondo de esa torre sin lustres,

en sus húmedos sótanos y mazmorras vacías,

en donde confinaste a todos tus fantasmas

y fuiste atesorando los instantes eternos

que toda soledad creativa se procura,

o paseas a solas por el jardín silvestre

que corroe otro río con herrumbrosas lenguas,

mientras ciegan los astros y planetas tus ojos

y te punzan las zarzas de las desolaciones.



       MANUAL DE CONDUCTAS

Si el viento anhelas del aplauso humano,

imponte disciplina y duro oficio.

Te deberás entero a la renuncia,

a clausurarte en ti con tus demonios.

Una aceda paciencia -es bien sabido-

forja al genio solar, y la derrota

sólo debe servirte de acicate.

Siempre serás deudor. Mas paga siempre

lo que debe al espíritu pagarse.

El homenaje humano es heno ardiendo.

Sólo debes buscar por recompensa

haber hallado en ti, nunca expresados,

el verso y su temblor en tus visiones.





       SÓLO UN CONSEJO

Corazón y alma a tu trabajo entrega,

no importa el tiempo que hayas empleado

en alcanzar el fin que te impusiste.

Esquiva es la materia con que el Arte

construye sus etéreas maravillas

y más cuando concentra en las palabras

el don de provocar extrañamientos.

Si entre los elegidos te encontrases,

aprende a diseñar pacientemente,

con exigencia y mimo, el laberinto

en el que has de atrapar, con franca audacia,

a ese ángel fantasmal, que es el misterio.

Y si no eres afín a lo divino

que debes traslucir en cada idea,

entrégate a vivir sin freno alguno,

pues no tienes pasaje ni paisaje

en ese alto dominio evanescente

que es el arte de arder en la Poesía.






 

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