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Ignacio Caparrós

Raíz del limbo, 1997

El mismo año en que escribí Del mar y sus despojos, elaboré Raíz del limbo. Este libro, uno de mis preferidos y de los más personales, fue publicado por el Ayuntamiento de Málaga en 2001 y de él se tiraron 1000 ejemplares, de los que aún quedan existencias, aunque no en librerías. También es una obra que rinde homenaje, pero en este caso a la Málaga de mi infancia y adolescencia, a la vez que constituye una denuncia sobre la dejadez y el cainismo de los malagueños para con su ciudad y los suyos. El título habla, no de la ciudad del paraíso que quería ver en ella Vicente Aleixandre, sino de una ciudad sumida en el limbo de la apatía y la indiferencia ante su suciedad, su abandono o su especulación urbanística. Todos los poemas van dedicados a alguien de Málaga. La ilustración de portada es de Carmen Ramírez.

                                EL PUERTO

                                              A Alfonso Canales

Abierto está el balcón a turbios diques:

visillos que se impregnan de sus sales,

de petróleos, gramíneas y de herrines

que siembran férreas aves por los aires.

                                   *

A lo lejos, la mar anubla escorzos

de navíos que sueñan con aceras.

Palpita una falúa por los morros,

poblado de cangrejos y gangrenas.

                                 *

Abierta está la lonja al viento denso

de la aurora que merca sus heridas.

Se subasta el azul y sin descuento

se venden las diademas de la brisa.

                                  *

Las gaviotas se mecen, soñadoras,

en los pliegues del lirio de la albada.

Abierto está el balcón sin más a todas

las rúbricas del sol cada mañana.  

                             ***

                        CALLE CÍSTER

                                         A mi hermano Javier

El cierro sigue ahí. La casa sola.

Cerrados los balcones y postigos.

Acaso alguna vez vi alguna sombra,

alguna luz de nuevos inquilinos.

                            *

Calle Afligidos, Pedro de Toledo,

apenas diferentes a esos años

en que no eran las horas voz del tiempo,

sino instantes de magia en sus espacios.

                                 *

Calle Cañón, jardines catedrales,

entornos de mi infancia ya vencida,

solitaria de ensueños y ansiedades

entre vidrios, libélulas y enigmas.

                             *

El cierro sigue ahí, mas ya vetusto

de sales y humedades, cales mustias.

No está el quiosco de Emilio y ya no busco

al niño que inventó su luz obtusa.

                                                                                                                                                                                        

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